miércoles, 20 de octubre de 2010

En el ring.

Y allí estaban, en pie, mirándose cara a cara el uno al otro con rabia. En la banda izquierda se encontraba Humanidad. Ya era la vigésimo tercera vez que se subía al ring. Era famosa porque cuando la noqueaban volvía a ponerse de pie pero todos sus combates los había pérdido.

Al otro extremo, con sed de victoria se encontraba el campeón mundial. Un peso pesado de élite en su máximo explendor. Le llamaban el señor oscuro por lo impío que era en el combate. Todos le temían pero Humanidad no. Ella se había estado preparando durante tres meses en un intensivo entrenamiento para derrotar a su contrincante.


Si, lo recuerdo perfectamente. Allí estaban los dos cuando dio comienzo el combate. Humanidad lanzó varios Jabs con la izquierda pero su rival los esquivo sin problemas. Luego probó con su renovado gancho de izquierda pero no funcionó. Intentó un golpe inesperado con la derecha y un Uppercut. Parecía que ya lo tenía, le había golpeado en el mentón. Pero el señor oscuro no tardó en responder el golpe. Un izquirdazo salido de la nada golpeo severamente en el pómulo a humanidad. La tiró sobre el ring como quien tira un caja de cartón vacía al suelo. El impacto fue tal que el cerebro se desplazó de su sitio. Ahí no acabó la cosa, el señor oscuro haciendo alarde de su nombre, se arrodilló sobre su victima y arremetió contra ella una y otra vez haciéndola sangrar por la nariz. Los golpes eran dolorosos la sangre emanaba de la piel de Humanidad rápidamente. Pese a que el árbitro solicitaba que se detuviera el combate allí seguía el señor oscuro, golpeando y golpeando.

Que imagen tan triste aquella. Humanidad lloraba mientras se cubría como buenamente podía, mientras suplicaba que parase. Pero él no paró y continuó arremetiendo incluso con más fuerza, parecía como si disfrutara de todo aquello. Ella solo lloraba y gritaba de dolor con cada impacto hasta que a los dos minutos reinó un silencio mortal sobre el ring.

Humanidad ya no respondía ante los golpes. Simplemente se escuchaban el sonar de los guantes aporreando una cara inherte.

Que horrible es ver combates así, tan de cerca. Combates que te ponen la piel de gallina y que te hacen pensar que quizás a ti, algún día, te toque subir al ring contra aquel señor oscuro. No importa todos los meses que entrenes, ni las muchas técnicas que aprendas. Te va a derrotar y lo sabes. Ya lo hizo una vez y lo volverá hacer hasta que mueras. Hasta que ya no puedas respirar, hasta que tus músculos no respondan debido a la fatiga y al dolor.

Pero sabes, yo te cuento todo esto, porque me gusta ver los combates desde las gradas, a salvo y seguro porque se que a mi nunca me va a tocar. Yo prefiero mirar como mi boxeador preferido machaca al señor oscuro. ¿Y tu? ¿Desde dónde vas a ver el combate?¿Acaso prefieres verlo desde El ring?


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